Ella se despierta, abre los ojos, parpadea. Intenta sacudir el sueño de sus largas pestañas mientras suspira al pensar en el largo día que le espera. No puede encontrar en sí misma la fuerza para siquiera incorporarse, pero aún así, lo hace. Es un movimiento automático, ya no se preocupa de no sentirse capaz de poner su jornada en marcha al posar los pies en las frías losas del suelo. Poniéndose en pie, se despereza mientras coge la ropa que ha elegido para el día. Hoy quiere sentirse guapa, quiere sentirse una princesa. Por eso escoge esa falda que yace casi olvidada en su armario, esa blusa que ni recordaba. Se maquilla como si alguien especial la esperase al salir por la puerta, y abandona su hogar en dirección a... ¿Dónde? ¿Cómo llamar a ese lugar? No importa, debe hacerlo, debe ir a aquel sitio que la desilusiona día a día, es lo que ha elegido. Sin embargo, antes de salir, cierra su mano sobre dos pequeños dados que reposan sobre la mesa, dejándolos caer sobre ella y observando el resultado con rostro apático. Apenas se observa una chispa de desilusión en su mirada mientras se da la vuelta. Quizá otro día.
El día transcurre sin novedad, sin... Nada. No hay sorpresas, no las que ella desea. No por ello deja de intentarlo, aunque se haga daño al insistir. El mismo desprecio que siente por sí misma en momentos de debilidad acabará por destruirla si no hace nada por evitarlo, y lo sabe. Pero quizá no hay nada que pueda hacer para evitar tal desenlace, nada que funcione. Nada que llegue a ser más que un mero intento. El mundo no lo permite, este mundo hace ya tiempo que no está diseñado para que sea feliz. Ni ella, ni prácticamente nadie.
Quizá se le dio mal crecer. Quizá no supo convertirse en adulta, quizá... Quizá se quedó atrás, y por eso no puede comprenderlo. Quizá... Algún día, los dados la hagan sonreír. Por eso, una vez más, otra vez; seguiré tirando los dados cada día. El futuro está aún demasiado lejos de mí, así que... Contendré la respiración.
El día transcurre sin novedad, sin... Nada. No hay sorpresas, no las que ella desea. No por ello deja de intentarlo, aunque se haga daño al insistir. El mismo desprecio que siente por sí misma en momentos de debilidad acabará por destruirla si no hace nada por evitarlo, y lo sabe. Pero quizá no hay nada que pueda hacer para evitar tal desenlace, nada que funcione. Nada que llegue a ser más que un mero intento. El mundo no lo permite, este mundo hace ya tiempo que no está diseñado para que sea feliz. Ni ella, ni prácticamente nadie.
Quizá se le dio mal crecer. Quizá no supo convertirse en adulta, quizá... Quizá se quedó atrás, y por eso no puede comprenderlo. Quizá... Algún día, los dados la hagan sonreír. Por eso, una vez más, otra vez; seguiré tirando los dados cada día. El futuro está aún demasiado lejos de mí, así que... Contendré la respiración.
