Suspirando, dejé mi pluma sobre la mesa, junto a aquel montón de papel en blanco que a duras penas conseguía rellenar. Maldito el momento en que se me ocurrió comenzar a escribir. Mi historia, ni más ni menos... ¿Acaso no sabía lo complicado que es? A veces puedo ser tan idiota... Ilusa, tal vez. Pero bueno, ya no hay vuelta atrás. Aunque quiera, no la hay, debo seguir escribiendo una historia inconclusa cuyo final no alcanzo a ver. Quizá para cuando llegue al final tenga uno que escribir. Eso ahora no importa... Las palabras se resisten a quedar plasmadas sobre el folio en blanco que parece oprimirme más a medida que me hago consciente de que apenas he rellenado un par de líneas en todo el tiempo que llevo allí. Qué pérdida de tiempo...
Levantando la cabeza del escritorio, miro por la ventana hacia la incesante lluvia que no deja de caer. Debo admitir que el tiempo acompaña a la perfección a mi estado de ánimo... No dejo de pensar que es inútil lo que hago. ¿Quién leerá mi historia? ¿Quién creerá mi historia? No es más que... En realidad... No debo engañarme a mí misma, sí es más que una historia. Es mi vida y... Todo lo que soy. Quizá es esa la razón por la que no puedo ofrecerla al mundo sin más, como si fuese un cuento cualquiera.
"Estás pensando demasiado."
"Cállate." Él de nuevo. Siempre aparece cuando necesito alguien con quien hablar.
Él guarda silencio. Sabe que no lo digo en serio, pero de todos modos... Adora mortificarme. Dirigiéndole una mirada ceñuda, me recuesto sobre el respaldo de mi silla y dejo escapar un resoplido dirigido exclusivamente al ser semitransparente que se encuentra inclinado sobre mi hombro, leyendo las torpes líneas que he conseguido escribir.
"En mi opinión, es un buen comienzo." Dice, apoyando la cabeza sobre la mía. No es exactamente un contacto físico, pero... Es más de lo que había experimentado en semanas, quizá meses.
"Y ese es el problema. Debería tener más que el comienzo." Cerrando los ojos, suspiro una vez más. ¿Cuántas veces lo había hecho en los últimos minutos? Se estaba empezando a convertir en costumbre.
"Las grandes historias no son fáciles de contar..." Trata de consolarme. Es bastante efectivo, pero eso es normal... Es quien mejor me conoce.
"Pensaba que esta lo sería... No es una gran historia, es mi historia. Ni siquiera soy la protagonista... Sólo un personaje secundario." Él no dice nada, sólo presiona sus fantasmales labios sobre mi pelo. "Además... Hay cosas que no sé explicar ni describir. Qué o quién eres exactamente, por ejemplo. Pensaba que después de todo este tiempo lo sabría."
"¿Quién soy? Yo soy tú." Alcé una ceja ante aquel comentario.
"Imposible. Si fueses yo, serías más complaciente. Y no me conocerías tan bien como lo haces." Él ríe ante mi razonamiento. Quizá he dado en el clavo.
"Tienes razón... Pero en cierto modo, sí soy tú. Al menos, una mitad de ti."
"Me lo imaginaba... Pero he pasado mucho tiempo buscándote. Estás... ¿Aquí?" Espero que sepa a qué me refiero.
"Sí, pero... Lejos. No es el momento aún, tienes que conformarte con esto." Dice, señalándose. Bueno... Al menos de aquella forma estaba conmigo cuando lo necesitaba, sin restricciones.
"Creo que me he acostumbrado." Digo, rodeando su cuello con mis brazos. Al principio, las primeras veces que me había visitado, aquello me habría resultado imposible. Se podría decir que con el tiempo había adquirido bastante práctica.
"Te quiero. No lo olvides, tienes que recordarlo para saber quién soy."
Como si pudiese olvidarlo. No hay necesidad de contestarle, él ya no está ahí. Siempre se despide del mismo modo y desaparece sin esperar respuesta. Ya la sabe.
"Como si pudiera olvidar tu sonrisa..."
Susurro esas palabras al aire. Sé que me dirá "te quiero" cuando estemos el uno frente al otro al fin. Pero también sé que no necesitaré más que una sonrisa para saber que es él al que siempre he estado buscando. Esa sonrisa está grabada a fuego en mis recuerdos, extraída de algún lugar que mi mente no alcanza a distinguir. ¿Dónde la vi? No lo sé. No es importante. Sólo sé que pertenece a él, y que por ello siempre me acompañará a donde vaya.
"No tardes... Matt."
Volviendo a colocar un mechón de pelo tras mi oreja, vuelvo a mirar la lluvia golpear contra el cristal y mis dedos toman la pluma una vez más. Debo continuar mi relato.
